Perros y montessori

En casa somos muy “perreros”. Nuestro labrador retriever Pancho está con nosotros hace 12 años, y M. , el perro con que mi marido trabaja, ya lleva casi tres con nuestra familia. Vivir con una mascota es uno de los mejores regalos que podemos hacer a nuestros hijos y podemos enseñarlos a cuidar y a relacionarse con ellos también basándose en montessori.

Cuando Izan nació, preparamos a Pancho para recibirle, y nunca impedimos que él se relacionara con el niño. Siempre fueron amigos, era muy tierno verlos juntos, cambiando caricias o juegos. Y una vez que Izan ya era mayor, pues le enseñamos a alimentar a su hermanito de cuatro patas, a peinarle, a sacarle llevándole de la correa con nosotros, a ayudarnos a hacer sus curas (por desgracia Pancho tiene una tendencia a tener heridas) y hasta a pedir algunos comandos, ya que somos adiestradores (mi marido es profesional y yo, amadora).

Cuidar de un animal no es solamente un ejercicio de vida práctica, en mi opinión. También veo como gracia y cortesía, la categoría en montessori donde el niño aprende a como tratar a los demás y a vivir en sociedad. Lo digo porque el niño está aprendiendo a como relacionarse con un animal que vive con él, que es uno más en la familia. Aprende que no se puede tirar de la cola o de las orejas, que es un animal y siente dolor, y también merece ser respetado. Aprende a no despertarle cuando está durmiendo, a recoger sus excrementos en los paseos, a cómo relacionarse con él basado en educación canina.

¡Incluso en el periodo sensible del lenguaje los perros son muy útiles! La primera palabra de Izan no fue mamá, tampoco papá. Fue pupu, que era cómo él se refería a Pancho.

Los perros pueden ser usados como herramienta de lenguaje también a la hora de conocer vocabulario (patas, orejas, cabeza, manto, hocico, stop), biología (animal mamífero, doméstico…), geografía (razas típicas de países) etc.

A mi me encanta cuando Izan está trabajando y Pancho decide entrar en su habitación y tumbarse a su lado, como participando de la actividad. A Izan también le gusta tenerlo como compañero y ya he notado que, cuando están juntos, Izan se concentra más en lo que está haciendo. Eso no me sorprende en absoluto, pues está probado que los animales ejercen una beneficiosa influencia en los niños a la hora de hacer actividades, como por ejemplo, leer.

Pancho no es un perro de terapia, pero acaba ejerciendo como si fuera. La convivencia de niños con perros puede  prevenir alergias, desarrollar el sentimiento de responsabilidad, aumentar la autoestima e incluso a prevenir otitis, como dice este artículo de 20 Minutos.

Tengo un sueño de un día tener una escuela montessori con un perro siempre presente en el ambiente, junto con los niños, de la misma manera que en algunos hay peceras o terrarios. Creo que sería increíble, que los resultados serian fantásticos. Una vez, en un grupo de Facebook con guías y asistentes AMI de otros países, conocí a algunas que tenían perros de terapia y de trabajo en sus ambientes y dijeron que la experiencia fue maravillosa. Lo creo, y digo más – si Maria Montessori hubiera tenido tiempo, uno de sus estudios habría sido la relación entre niños y animales en el ambiente escolar. Estoy segura de que a ella le encantaría la terapia con animales, como científica que era.

 

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