El niño inmaduro

 

“Izan es un niño muy inmaduro”.

Escucho y leo esta frase desde que Izan iba a la escuela infantil, con 2 años. La educadora y su maestra siempre decían eso en el momento de hacer las evaluaciones. Parece ser la etiqueta que siempre acompañará a nuestra familia.

La verdad es que empezó antes. Mucho antes. Cuando estaba de 41 semanas y cinco días de embarazo y el médico provocó mi parto. “Es un niño vaguete, eh?” me dijo, como broma simpática, instantes antes de insertar la tira de prostaglandinas en mí. El parto duró 24 horas y terminó en fórceps. “Es que tu hijo no quería salir, es muy cómodo!”

Luego, a medida que los meses pasaban y que Izan crecía, todo en su desarrollo fue considerado “lento”. Tardó en gatear (14 meses), tardó en andar (16 meses), en hablar no me acuerdo. Tardó en dejar el pañal (3 años; para hacer caca en el váter más, 4 años y medio). Siempre era el “lento” o “inmaduro”.

Nació en diciembre y, por ley, tiene de estar en la clase de los niños nacidos en su año aunque hay algunos casi un año mayores. Pero la comparación sigue, y no culpo las profesoras, porque solo hacen su trabajo.

Hace pocos meses fue su graduación de Infantil y vi como compañeros suyos leían poesías en la celebración. Niños de 6 años o 5 años y medio, leyendo como adultos, sin tartamudear. Mi marido dijo en mi oreja: “guau, mira este niño como lee! Izan no lo hace.”

Recuerdo que aprendí a leer con 7 años, en primero de Primaria. En mi tiempo era lo que decía la ley de educación. Ahora cada vez se enseña a leer antes y mientras algunos niños y niñas pueden hacerlo, hay otros que no, como mi hijo, y son etiquetados de inmaduros. A veces creo que por no haber respetado su ritmo y dejado que naciera cuando le tocaba, ahora estamos pagando las consecuencias.

Es curioso como él es “inmaduro” solo a lo que se refiere a las letras; no lo es para artes o mismo matemáticas. La profesora reconocía que él tenía un talento para actividades que usan las manos y dibujo, pero parecía ser algo menos importante. Ella me aconsejó a trabajar las letras con él en las vacaciones porque, cuando empezara Primaria, “sufrirá mucho, le machacarán y si sigue así pasará muy mal”(fueron sus palabras).

Cuando veo sus trabajos escolares, encuentro fichas aburridas y un cuaderno de dictado, que él hacía, pero como sus manos de 5 años podían hacer: con una caligrafía penosa, de quién no está preparado para usar el lapicero. Y recuerdo montessori, donde el lapicero es el ultimo que se coge en manos; primero serán las letras de lija, la bandeja de arena, el alfabeto móvil, la pizarra pequeña y la tiza… y por último, el lapicero, cuando los conocimientos de lectoescritura y la fuerza de la mano están desarrollados para eso. Por que en la escuela tradicional es distinto?

Ya lo sé, hay niños que lo hacen genial. Yo misma fui una, aprendí a leer y a escribir en el método tradicional y muy rápido. Pero no somos iguales. Y lo que más me causa rabia del método tradicional es justamente nivelar a todos los niños en lo mismo, exigir de todos lo mismo, “porque toca”y porque “hay muchos niños que lo hacen”. Y los que no lo hacen? Ah! Son inmaduros.

La segunda cosa que más rabia me da es que el sistema no reconoce los demás talentos del niño y no los fomenta. Es un niño inmaduro porque no sabe leer con 5 años pero no es un increíble niño de 5 años que dibuja con gran expresión. No, no. Para que sirve las artes? (Estoy siendo irónica) La teoría de las inteligencias múltiples y como la neurociencia explica  el aprendizaje todavía son temas desconocidos en muchas escuelas de hoy.

Bueno, tras esta introducción enorme y cargada de desahogo, escribo para contaros que está siendo difícil trabajar las letras con Izan porque él ya está machacado y ya asocia “letras= vaya rollo” pero hoy él me ha pedido una hoja y un lapicero para escribir una nota a su amiga que se mudará de casa para acompañar a un regalo que le haremos.

“Mami, quiero escribirle: felicidades, L., te quiero”, me dijo mi niño inmaduro, y dejé de hacer lo que tenía para abrir espacio en la mesa del comedor y darle los materiales para escribir. “Mami, ayúdame con las letras, no sé escribir”.

Pregunté si quería el alfabeto móvil, él dijo un “sí” un poco dubitativo (las letras del alfabeto móvil son cursivas como en su colegio pero no son iguales). Cogí la pizarra magnética mini y el alfabeto magnético, que también es en cursiva pero de un tipo más parecida con la de su profesora.

Entonces nos pusimos manos a la obra. Pensamos en que palabras utilizar para la nota. Le dije que tendría de, primero de todo, dirigirse a su amiga. “Que te parece: querida L.?” Le pareció bien. Momento de escribir en la pizarra: “como se escribe querida?” le pregunté, y me puse a hacer el sonido de la letra Q. Él contestó: “que!”. Coloqué la letra en la pizarra mientras él la veía y copiaba en la hoja. Y así hicimos para todas las letras.

Mientras yo pegaba una letra, él la escribía. No es absolutamente montessori, pero me alegro. Vi en sus ojos alegría, interés, cariño. Cuando escribimos, queremos decir algo a alguien. Es importante que este “algo” tenga sentido. Y nada con más sentido que una nota a una amiga. Palabras sueltas en un cuaderno no tienen sentido. No tienen emoción, no tienen objetivo.

Ahora buscaremos oportunidades para escribir mensajes con sentido. Copiar palabras vacías no es aprender a escribir. Para mí, la niña de 7 años que estaba loca por leer los tebeos de sus hermanos mayores, tenia sentido. Pero para él, no. El sentido viene del corazón.

 

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2 comentarios sobre “El niño inmaduro

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